
En la Liga Mexicana de Beisbol, donde los rosters se renuevan cada temporada, se ajustan casi diario y la estabilidad suele ser una excepción, cumplir diez campañas consecutivas con un mismo equipo no es un dato menor. Es una rareza. Por eso, el regreso de Miguel Guzmán para 2026 con los Pericos de Puebla merece leerse más allá del anuncio: habla de identidad.
Guzmán llegó a Puebla en 2017, en un entorno de cambios estructurales y ajustes profundos. Desde entonces, se quedó. No como contratación de moda, sino como un jugador confiable que entendió su rol y lo sostuvo temporada tras temporada. En una liga que premia el impacto inmediato y castiga la paciencia, permanecer una década dice mucho del pelotero… y del club.
Diez años también significan adaptación. Guzmán ha sido un ejemplo de versatilidad defensiva: en nueve temporadas con el uniforme emplumado, solo le ha faltado jugar como receptor. Ha pasado por prácticamente todas las posiciones, con mayor constancia en la inicial y el jardín izquierdo, convirtiéndose en una solución recurrente para distintos cuerpos técnicos. Ese tipo de disponibilidad no suele ocupar titulares, pero gana algo más difícil: la confianza.
Hoy, Miguel Guzmán es el jugador con mayor antigüedad en el roster y un referente silencioso para el vestidor. Su experiencia será un apoyo clave para el mánager Darryl Brinkley, pero también un punto de identificación para la afición poblana.
En una liga de cambios constantes, quedarse también es una forma de ganar. Y diez años lo confirman.


