
El movimiento fue discreto en forma, pero contundente en fondo: los San Diego Padres colocaron al mexicano Tirso Ornelas en asignación. En términos prácticos, su oportunidad en Grandes Ligas con esa organización parece haber llegado a su fin.
El proceso abre la puerta mínima a que otro club lo reclame, aunque siendo realistas, luce poco probable, no imposible, pero poco probable. Ornelas no tuvo el tiempo ni la continuidad para consolidarse en MLB y, cuando recibió la oportunidad, sus números no marcaron diferencia inmediata. Así funciona ese nivel: no basta con llegar, hay que impactar.
Pero si en San Diego se cierra una puerta, en México podría abrirse una muy interesante. Los derechos de retorno del jardinero pertenecen a los Diablos Rojos del México. Y ahí es donde la historia comienza a tomar un matiz mucho más atractivo para la afición escarlata.
A los Diablos todavía les falta una pieza para completar su jardín rumbo a 2026. Tirso encaja en edad, perfil y proyección. Es un bateador zurdo con experiencia en sistemas de alto rendimiento, con varios años de formación en el béisbol organizado de Estados Unidos. A sus 25 años, no es un proyecto roto: es un pelotero en plena maduración.
Y hay un ingrediente emocional imposible de ignorar. Tirso podría reencontrarse en el terreno con su hermano Julián, con quien ya compartió clubhouse en el invierno con los Charros de Jalisco. La posibilidad de ver a los hermanos Ornelas patrullando el mismo outfield en el Alfredo Harp Helú no es solo una anécdota romántica: es marketing natural, identidad y conexión directa con la grada.
Para los Diablos, además, no sería un simple mexicano más que regresa de Estados Unidos. Sería sumar a un jugador con roce internacional, hambre competitiva y la motivación de demostrar que su historia grande aún no está escrita. Muchas veces, el talento que no termina de explotar en MLB encuentra en la LMB el escenario ideal para consolidarse y convertirse en figura. Además, no hay que olvidar que es egresado de la Academia de Béisbol Alfredo Harp Helú y nunca ha jugado en la LMB.
La salida de San Diego puede leerse como un revés. Pero para los Diablos —y su afición— también puede interpretarse como una oportunidad.
Porque a veces, el sueño que no termina de florecer en el norte encuentra su verdadera temporada de explosión vestido de escarlata. Y si eso ocurre, podría hacerlo en familia.


