
La designación para asignación de Tirso Ornelas por parte de los San Diego Padres encendió de inmediato el discurso en México. Se habló de falta de paciencia, de oportunidad incompleta, incluso de trato injusto hacia un pelotero nacional que apenas probaba Grandes Ligas.
Pero hay una pregunta incómoda que casi nadie está haciendo: Si exigimos oportunidades para Ornelas en MLB, ¿por qué no exigimos lo mismo cuando armamos el “line-up ideal” de México para el Clásico Mundial?
En la mayoría de los ejercicios mediáticos, el jardín titular aparece con Randy Arozarena y Jarren Durán como fijos, hasta ahí no hay debate. Pero el tercer puesto, casi automáticamente, se le concede a Alek Thomas. Y ahí empieza la contradicción.
Porque mientras se reclama que Ornelas no tuvo suficientes turnos para demostrar su valor, a Alejandro Osuna —nacido en México y producto directo de nuestro béisbol— se le descarta sin demasiado debate.
¿No merece Osuna también esa “oportunidad completa” que tanto se exige en otros casos?
La coherencia importa. Si el argumento es que un jugador necesita continuidad para probar su nivel, debe aplicar en todos los escenarios. Si el discurso gira en torno a identidad y representación mexicana, entonces también debería pesar quién se formó y compitió bajo esa bandera desde el inicio.
Alek Thomas tiene raíces mexicanas, sí. Pero, además de que no es un superestrella, su desarrollo y carrera han sido completamente en Estados Unidos. Eso no lo invalida como opción, pero sí obliga a definir qué criterio estamos usando.
En Grandes Ligas, los Padres tomaron una decisión fría basada en rendimiento y profundidad de roster. Puede doler, pero es parte del negocio. En cambio, cuando el debate es la selección nacional, el análisis debería ser más consistente.
Si vamos a defender la oportunidad como principio, no puede ser selectivo. Porque entonces deja de ser justicia… y se convierte en conveniencia.


