
Dos años, el mismo escenario… y una historia completamente distinta. El 24 de marzo de 2024, Víctor González pisó por primera vez el Estadio Alfredo Harp Helú, llegaba con el uniforme de los Yankees, recién integrado a la organización neoyorquina, todavía con el peso —y el prestigio— de haber sido parte del campeonato de Serie Mundial 2020 con los Dodgers.
Aquella noche lanzó una entrada: permitió una carrera (sucia), dos hits y ponchó a uno.
Dos años después, casi como un reflejo en el tiempo, la escena se repitió… pero no la historia. El 25 de marzo de 2026, en ese mismo estadio y prácticamente en las mismas fechas, volvió al montículo capitalino. Esta vez no como visitante de Grandes Ligas, sino como pitcher de los Diablos Rojos, sin equipo en Estados Unidos, pero con una nueva oportunidad.
Lanzó una entrada en blanco y un ponche, pero los números son lo de menos, lo que realmente cambia es el punto de partida.
En 2024, González llegó como parte del espectáculo de MLB en México… y en 2026, llegó como protagonista de un nuevo capítulo, desde casa.
Mismo estadio, mismas fechas, pero un uniforme y una historia completamente diferente.


