
Este viernes, los Toros de Tijuana visitan el Estadio Alfredo Harp Helú para enfrentar en duelo de pretemporada a los Diablos Rojos del México, en lo que más allá de ser un simple juego de preparación, se convierte en una oportunidad poco común para la afición capitalina.
Y es que, debido al formato actual de competencia en la Liga Mexicana de Beisbol, ver en la Ciudad de México a equipos de la Zona Norte se ha vuelto cada vez más raro. En la práctica, el calendario limita estos cruces de forma considerable, al grado de que los aficionados de la Zona Sur apenas tienen oportunidad de ver en casa a un par de novenas norteñas por temporada.
Una situación que ha sido señalada y criticada en múltiples ocasiones, pero que hasta ahora no ha generado cambios por parte de la presidencia de la liga.
En ese contexto, la visita de Tijuana adquiere un valor especial. No se trata de cualquier equipo, sino de una de las organizaciones más sólidas y protagonistas de los últimos años, con planteles competitivos y aspiraciones constantes al título. Sin embargo, su presencia en la capital ha sido prácticamente inexistente en juegos oficiales recientes, lo que incrementa el atractivo de este encuentro, aunque sea de carácter amistoso. Para muchos aficionados, será la única posibilidad en el año de ver de cerca una franquicia que habitualmente queda fuera de su alcance por cuestiones de calendario.
El contraste resulta inevitable: mientras la liga busca fortalecer su espectáculo y alcance, limita uno de sus mayores atractivos, que es precisamente el enfrentamiento constante entre equipos de ambas zonas. Por eso, este juego de pretemporada no es uno más.
Es, en cierta forma, una ventana que el calendario oficial no abre. Una oportunidad para que la afición de la capital pueda disfrutar de un equipo protagonista de la Zona Norte y, al mismo tiempo, un recordatorio de una asignatura pendiente dentro de la estructura de la liga.
El interés existe… lo que falta es que el calendario esté a la altura.


