
En la pretemporada 2026 de la Liga Mexicana de Beisbol, hay datos que pasan desapercibidos… pero dicen mucho. Uno de ellos: Tigres de Quintana Roo y Leones de Yucatán se enfrentaron seis veces antes del arranque de la temporada… Seis.
El saldo fue parejo, tres victorias por bando, incluyendo el más reciente triunfo de Yucatán ayer domingo, por 3-2 en el Parque Kukulcán. En lo deportivo, poco que reclamar, pero en lo estructural, mucho que cuestionar.
Porque más allá de los resultados, la repetición constante de este enfrentamiento abre una pregunta inevitable: ¿tiene sentido enfrentar tantas veces a los mismos equipos en una etapa que debería generar expectativa?
Tigres y Leones representan un caso ideal para analizarlo. Cancún y Mérida son plazas cercanas, con identidad regional y todos los elementos para construir una rivalidad atractiva dentro de la liga.
Pero ahí está el problema. Lo que debería ser un choque esperado, termina convertido en una rutina sin peso, porque seis juegos de exhibición entre ambos antes del inicio de la temporada no fortalecen la rivalidad; la desgastan, le quitan novedad, reducen el interés y, sobre todo, le restan valor al primer enfrentamiento oficial, que debería sentirse distinto.
La pretemporada está diseñada para afinar detalles, probar talento y preparar a los equipos, pero también puede —y debería— ser una herramienta para generar expectativa en el aficionado. Hoy, no parece estar cumpliendo ese objetivo.
En lugar de abrir el abanico de enfrentamientos y ofrecer variedad, se recurre a fórmulas repetitivas que terminan por diluir incluso los duelos con mayor potencial. El caso de Tigres y Leones es claro: todo está dado para que sea una rivalidad relevante en la LMB, pero si se consume antes de tiempo, y cuando el resultado no vale nada, pierde fuerza antes de comenzar.


