
Los Diablos Rojos del México llegan a 2026 como lo que son: bicampeones y el equipo a vencer. El objetivo es claro —el tricampeonato— y, en el papel, siguen siendo el favorito natural.
Pero durante la pretemporada, en el terreno… algo no termina de cuadrar. El pasado domingo, en duelo de pretemporada ante los Pericos de Puebla, más allá del resultado, comenzó a sentirse algo distinto, no solo en el desempeño del equipo, sino incluso en la reacción de la gente: por primera vez en mucho tiempo, aparecen dudas alrededor de Diablos.
Sí, es pretemporada, y sí, los resultados no definen nada… pero las sensaciones sí cuentan.
Y lo que se ha visto en estos juegos va más allá de perder o ganar, preocupa a algunos: corrido de bases errático, descontrol en el pitcheo —con secuencias impropias de este nivel— y, sobre todo, una falta de ritmo que contrasta con la imagen de un equipo dominante.
No es solo cuestión de ejecución, es una cuestión de energía, y ahí es donde entra un factor que no se puede ignorar: la Baseball Champions League.
El calendario no ayudó. La participación internacional cortó el proceso natural de preparación, alteró cargas de trabajo y obligó a competir cuando otros equipos apenas estaban construyendo ritmo. El resultado fue doble: ni se logró el objetivo en ese torneo, ni se llegó en forma óptima a la pretemporada.
¿Les afectó más de lo esperado? Es pronto para afirmarlo, pero las señales están ahí.
Porque este no es cualquier equipo… los Diablos están acostumbrados a jugar con intensidad, precisión y autoridad y, cuando eso no aparece, se nota… y mucho.
La temporada aún no empieza y hay tiempo de sobra para ajustar; el talento está, la estructura también y la experiencia de un equipo campeón suele pesar cuando importa. Pero hoy, por primera vez en un buen rato, la conversación no es sobre lo que pueden lograr… sino sobre lo que están dejando de mostrar.
Y en un equipo como los Diablos Rojos del México, eso ya es noticia.


