
En Villahermosa hay algo que empieza a tomar forma: esperanza. La llegada de Luis Carlos Rivera al timón de los Olmecas no es un movimiento más, es una apuesta clara por una identidad… aunque con un giro interesante.
Porque en Tabasco el pitcheo manda y Rivera fue pitcher de Grandes Ligas, lanzó en el 2000 con los Atlanta Braves y los Baltimore Orioles, y ahora aterriza en una plaza donde históricamente el pitcheo manda: el Estadio Centenario 27 de Febrero.
Hasta ahí, todo encaja…pero lo interesante viene después. Rivera no solo confía en el pitcheo —que reconoce como una de las fortalezas del equipo—, también está convencido de que Tabasco puede hacer algo poco común en su parque: generar ofensiva y así lo manifestó: “Tenemos base sólida en la defensiva y en el pitcheo… pero vamos a crear oportunidades para hacer más carreras”.
Su idea no pasa necesariamente por el poder, sino por dinamismo: bateadores que pongan la bola en juego, que se embasen y que generen presión constante, incluso en un estadio que no suele favorecer el bateo. Consciente de que el parque no es un campo favorable para el bateo, está seguro que los Olmecas van a generar mucha ofensiva.
Con ocho temporadas como mánager en LMB y más de 700 juegos dirigidos, Rivera inicia en 2026 una nueva etapa, ahora con la misión de equilibrar lo que históricamente ha sido un equipo de pitcheo.Y ahí está el reto, porque en Tabasco, dominar desde la lomita es casi una regla… pero si a eso le suman producción ofensiva, la historia podría ser distinta.
Un pitcher está al mando, pero la apuesta… es hacer daño con el bat


