
El regreso de Isaac Paredes con los Houston Astros no solo tiene valor deportivo. El mexicano se ausentó del equipo tras el juego del 1 de abril por una situación personal: el fallecimiento de su abuela, una figura muy cercana en su vida… fueron días lejos del terreno, lejos del ritmo… pero no de la responsabilidad.
Porque cuando volvió, no lo hizo a medias. Desde su regreso el 7 de abril, Paredes ha estado en el lineup todos los juegos. Y no en una sola posición, sino prácticamente en todas partes: tercera base, segunda, primera… e incluso ya había iniciado un juego como bateador designado en la primera semana de la temporada.
Un comodín total y en un roster tan competitivo como el de Houston, eso no es un detalle menor, es valor puro, porque la capacidad de adaptarse, de cubrir huecos, de mantenerse presente sin importar el rol, describe a un profesional con talento y capacidad de adaptación en toda la extención de la palabra.
Y más aún en su complicado contexto personal. Porque mientras muchos necesitan tiempo para retomar ritmo, Paredes hizo lo contrario: regresó y se metió de lleno en la dinámica del equipo, aportando desde donde se le necesite.
Eso también cuenta. No solo por lo que hace con el bat o el guante… sino por lo que representa dentro del grupo.
Porque hay jugadores que ocupan una posición, y otros, como Paredes… que simplemente están donde el equipo los necesita.


