
Con la casa llena, un out en la pizarra y el juego empatado en la parte baja de la entrada 11, Carlos Arellano tomó quizá el turno al bat más importante de su carrera en la Liga Mexicana de Beisbol. La presión ya era enorme.
Antes que él, Jason Atondo había llegado al plato con las bases llenas y sin outs, pero terminó roleteando a primera. La jugada produjo un out forzado en home y dejó a los Olmecas con un out más y toda la presión sobre el siguiente bateador.
Entonces llegó Arellano. Y enfrente estaba Silvino Bracho, uno de los relevistas estelares de los Pericos.
Después de los primeros tres lanzamientos, la cuenta estaba en 1-2. Un strike cantado y otro abanicado lo tenían prácticamente contra la pared. Pero Arellano no cedió, se defendió como fiera.
Después tres fouls y otro lanzamiento malo que prolongaron el turno… seguía vivo después de 7 pitcheos del lanzador de los pericos.
Y entonces llegó el octavo lanzamiento. Arellano conectó una sólida línea hacia el jardín central, el batazo pasó por encima del jardinero y el juego terminó. Los Olmecas habían ganado 4-3.
Pero el batazo tuvo todavía un detalle que lo hace más interesante. Por la situación de las bases, el jardinero central estaba jugando cerca del cuadro… si hubiera conseguido atrapar la pelota de aire, el batazo había sido tan fuerte que probablemente habría resultado muy complicado para el corredor de tercera llegar a home en pisa y corre.
Arellano no necesitó un cuadrangular, necesitó algo más difícil: ganar un turno cuando parecía estar contra la pared. De 1-2 pasó a mantenerse con vida lanzamiento tras lanzamiento y, en el octavo encontró la pelota que estaba buscando.
No fue solamente el hit del triunfo, fue un turno ganado lanzamiento por lanzamiento. Y posiblemente, el turno más importante que Carlos Arellano ha tomado hasta ahora en la LMB.



