
En medio de todas las críticas que ha recibido la directiva de los Sultanes de Monterrey después de la eliminación, hay un tema que prácticamente pasó desapercibido. Y quizá precisamente por eso resulta tan interesante.
Su jugador, Harold Ramírez, perdió el campeonato de bateo de la LMB por una diferencia microscópica. Terminó la temporada con 140 hits en 381 turnos, para un promedio de .367.
Juan Carlos Gamboa de los Diablos Rojos, quien se quedó con el título individual de bateo, terminó oficialmente con 106 hits en 286 turnos y .371.
Pero hubo una jugada que pudo haber cambiado la historia. En el penúltimo juego de la temporada, en Cancún, una jugada que originalmente había sido marcada como error fue modificada aproximadamente dos horas después del encuentro y convertida en hit para Gamboa.
Ese cambio significó un hit adicional. Sin él, Gamboa habría terminado con 105 hits en 286 turnos, para .36713…. abajo del 36745 del jugador de Sultanes.
Harold Ramírez habría sido entonces el campeón de bateo…. la diferencia entre ambos habría sido de apenas .00032.
Y aquí aparece la pregunta que nadie parece haberle hecho a los Sultanes: ¿Por qué la organización no defendió a su jugador?
No estamos afirmando que la decisión del anotador haya sido incorrecta ni que Sultanes tuviera necesariamente derecho a modificarla. Pero resulta inevitable preguntarse si la directiva siquiera se enteró de lo que estaba sucediendo.
En Grandes Ligas existe un procedimiento mediante el cual jugadores y equipos pueden cuestionar decisiones de los anotadores oficiales. Lo mencionamos simplemente como referencia: en el beisbol profesional existen mecanismos para discutir este tipo de decisiones.
Pero aquí el asunto parece ser otro. Mientras en Monterrey se discute intensamente sobre conciertos, espectáculos, pirotecnia y todo lo que rodea a los juegos de Sultanes, uno de sus jugadores terminó perdiendo un campeonato individual por una decisión de anotación que cambió después de terminado un juego.
Y aparentemente la organización ni siquiera hizo público el asunto. ¿No se enteraron? ¿No consideraron importante defender a su jugador? ¿O simplemente no había nada que defender porque la decisión estaba dentro del reglamento?
Son preguntas distintas. Y quizá esta historia no demuestre nada por sí sola, pero en el momento que vive Sultanes, resulta imposible no hacer la pregunta: ¿Está la organización poniendo suficiente atención al beisbol?

En medio de todas las críticas que ha recibido la directiva de los Sultanes de Monterrey después de la eliminación, hay un tema que prácticamente pasó desapercibido. Y quizá precisamente por eso resulta tan interesante.
Su jugador, Harold Ramírez, perdió el campeonato de bateo de la LMB por una diferencia microscópica. Terminó la temporada con 140 hits en 381 turnos, para un promedio de .367.
Juan Carlos Gamboa de los Diablos Rojos, quien se quedó con el título individual de bateo, terminó oficialmente con 106 hits en 286 turnos y .371.
Pero hubo una jugada que pudo haber cambiado la historia. En el penúltimo juego de la temporada, en Cancún, una jugada que originalmente había sido marcada como error fue modificada aproximadamente dos horas después del encuentro y convertida en hit para Gamboa.
Ese cambio significó un hit adicional. Sin él, Gamboa habría terminado con 105 hits en 286 turnos, para .36713…. abajo del 36745 del jugador de Sultanes.
Harold Ramírez habría sido entonces el campeón de bateo…. la diferencia entre ambos habría sido de apenas .00032.
Y aquí aparece la pregunta que nadie parece haberle hecho a los Sultanes: ¿Por qué la organización no defendió a su jugador?
No estamos afirmando que la decisión del anotador haya sido incorrecta ni que Sultanes tuviera necesariamente derecho a modificarla. Pero resulta inevitable preguntarse si la directiva siquiera se enteró de lo que estaba sucediendo.
En Grandes Ligas existe un procedimiento mediante el cual jugadores y equipos pueden cuestionar decisiones de los anotadores oficiales. Lo mencionamos simplemente como referencia: en el beisbol profesional existen mecanismos para discutir este tipo de decisiones.
Pero aquí el asunto parece ser otro. Mientras en Monterrey se discute intensamente sobre conciertos, espectáculos, pirotecnia y todo lo que rodea a los juegos de Sultanes, uno de sus jugadores terminó perdiendo un campeonato individual por una decisión de anotación que cambió después de terminado un juego.
Y aparentemente la organización ni siquiera hizo público el asunto. ¿No se enteraron? ¿No consideraron importante defender a su jugador? ¿O simplemente no había nada que defender porque la decisión estaba dentro del reglamento?
Son preguntas distintas. Y quizá esta historia no demuestre nada por sí sola, pero en el momento que vive Sultanes, resulta imposible no hacer la pregunta: ¿Está la organización poniendo suficiente atención al beisbol?


