
Con Guadalajara como sede oficial de la Serie del Caribe, hay ganadores claros. México consolida su peso dentro del beisbol caribeño, Jalisco se proyecta internacionalmente y los Charros refuerzan su papel como franquicia clave en la región.
También ganan Puerto Rico y República Dominicana, que aseguran condiciones logísticas, comerciales y de seguridad sin asumir riesgos mayores. En el corto plazo, el torneo parece protegido.
Pero alguien pierde… y pierde fuerte. Venezuela queda marginada, no solo como sede, sino como actor confiable dentro del engranaje caribeño. La duda ya no es si podía organizar el evento, sino si volverá a recibir una oportunidad similar en el futuro.
Guadalajara no es culpable de haber levantado la mano, México no es culpable de querer protagonismo, pero la Confederación del Caribe sí queda en deuda por no explicar, no mediar y no comunicar.
La Serie del Caribe 2026 se jugará en Guadalajara… el éxito o fracaso se medirá en lo que resulte: la cohesión o la fractura del beisbol caribeño.


