
El anuncio parecía una buena noticia para los Toros de Tijuana. El lanzador dominicano Aneurys Zabala había alcanzado un acuerdo con la organización fronteriza y su llegada reforzaría el cuerpo de pitcheo en la Liga Mexicana de Beisbol. Pero el entusiasmo duró poco. Muy poco.
Apenas un día después, los Angels comunicaron que habían firmado al mismo pitcher. Sin escala, sin transición y sin siquiera conocer el uniforme y, mucho menos, lanzar un pitcheo en México, Zabala cambió la frontera por el sistema de Grandes Ligas. Para muchos, la sensación fue inmediata: ¿Tijuana fue utilizada como trampolín?
Legal, sí. Incómodo, también. En términos estrictamente legales, no hubo engaño. Los jugadores dominicanos que firman en México lo hacen bajo cláusulas claras: si una organización de MLB toca la puerta, el acuerdo con la LMB queda automáticamente sin efecto. Todo está escrito. Todo está firmado.
El problema no es la regla. El problema es la forma y el momento. Cuando un acuerdo se anuncia públicamente y, horas después, se evapora rumbo a Estados Unidos, el mensaje es contundente: para algunos peloteros, México no es destino… es sala de espera.
La LMB como vitrina exprés
El caso Zabala vuelve a poner sobre la mesa una práctica que rara vez se discute en voz alta: la Liga Mexicana de Beisbol como puente silencioso mientras se activa una negociación en MLB. No es ilegal. No es nuevo. Pero sí deja a los clubes expuestos ante la percepción pública y deportiva. Y en un entorno donde la imagen también cuenta, la sensación de “quedar mal” —aunque no sea jurídicamente cierta— pesa más que cualquier cláusula.
Para los Toros de Tijuana, una de las organizaciones más sólidas del circuito, el episodio no habla de ingenuidad, sino de una realidad estructural: competir en un mercado donde MLB siempre tiene la última palabra.
Hoy fue Zabala. Mañana puede ser otro.


