
En medio del protagonismo global de Bad Bunny tras su aparición en el Super Bowl, una historia previa al majestuoso medio tiempo de la final de la NFL, circuló con fuerza en el entorno del beisbol: el cantante puertorriqueño habría intentado pagar los seguros necesarios para que Francisco Lindor y Carlos Correa jugaran con Puerto Rico en el Clásico Mundial de Beisbol.
El gesto fue celebrado de inmediato. No solo por lo que representaba en términos económicos, sino por el mensaje simbólico: alguien con poder, influencia y orgullo nacional estaba dispuesto a intervenir para que los dos grandes ídolos boricuas estuvieran en el diamante. Sin embargo, el fondo del problema nunca fue el costo del pago del seguro.
La ausencia de Lindor y Correa no se explica por el costo de una póliza. En un torneo donde participan jugadores con contratos superiores a los 300 millones de dólares, el precio del seguro es un factor secundario. El verdadero conflicto está en qué riesgo se le pide cubrir a la aseguradora.
Las pólizas del Clásico Mundial no solo cubren una lesión durante el torneo. Cubren la posibilidad de que una lesión sufrida en marzo afecte toda la temporada de MLB —o incluso más— y obligue a un equipo a pagar salarios garantizados sin recibir producción deportiva. En jugadores con contratos largos, historial de lesiones o cirugías previas, ese riesgo se vuelve difícil de calcular. Y cuando el riesgo no se puede medir con claridad, las aseguradoras no elevan el costo: simplemente no aprueban la póliza.
La oferta del “Conejo Malo” no atacaba el fondo del problema. Aunque alguien externo esté dispuesto a pagar, la decisión final no depende solo del dinero. Intervienen la aseguradora, el equipo y los términos contractuales del jugador.
Si no existe una póliza aceptable para todas las partes, los equipos no tienen incentivos para autorizar la participación. No se trata de negar el torneo ni de despreciar al jugador, sino de proteger inversiones multimillonarias fuera de su control directo.
El movimiento de imagen fue muy bien calculado por Bad Bunny quien supo ganarse más simpatías al “defender la presencia de Lindor y Correa”, dos símbolos del beisbol puertorriqueño, y posicionarse públicamente del lado del aficionado. Desde el punto de vista mediático, el movimiento fue impecable. Desde el punto de vista estructural, no resuelve nada.


