
Cuando los San Diego Padres designaron para asignación al mexicano Tirso Ornelas hace 7 días, en México muchos lo interpretaron como sentencia definitiva. Para buena parte del público, el mensaje fue simple: ya no lo quieren. La realidad es más fría… y más compleja.
Ornelas fue colocado en waivers y ningún equipo de Grandes Ligas reclamó su contrato dentro del plazo establecido. Sí, tuvo la oportunidad de cambiar de organización, pero nadie levantó la mano, y sin embargo, tampoco quedó libre.
Al no ser reclamado por ningún otro equipo, el jardinero mexicano superó waivers y fue transferido a Triple A con los El Paso Chihuahuas, filial directa de San Diego. Es decir, dejó de ocupar un lugar en el roster de 40 jugadores, pero permanece dentro de la organización.
Ayer lunes, los Padres informaron que Tirso continúa en el campamento de entrenamiento de primavera del equipo grande. De hecho, se uniformó y vio acción en el juego de práctica contra los Brewers, entrando de emergente y bateando de 2-0 con un ponche.
Pero conviene aclararlo haber jugado no significa absolutamente nada respecto al roster final de Grandes Ligas. En primavera, muchos peloteros que no estarán en el equipo grande participan mientras el club define sus últimos movimientos.
El mensaje real es otro: San Diego no encontró mercado para Ornelas en waivers, es decir, ningún club apostó por llevárselo de inmediato, pero al mismo tiempo, los Padres tampoco decidieron cortarlo. Lo mantienen cerca, en Triple A, a un llamado de distancia si las circunstancias lo exigen.
En términos prácticos, sigue vivo en la pelea. En términos simbólicos, ya no tiene el respaldo de un lugar asegurado en el roster de 40. No fue el final… pero tampoco es un voto de confianza. Es el limbo competitivo en el que tantos peloteros sobreviven: suficientemente valioso para no soltarlo… pero no lo bastante indispensable para protegerlo.
Y ahí, en ese punto incómodo, hoy está Tirso Ornelas.


