
Mientras pelea por un lugar en el roster de los Texas Rangers, Alejandro Osuna está haciendo exactamente lo que cualquier manager pediría: responder en el terreno.
Dos hits en cuatro turnos ayer jueves, promedio de .345 en el Spring Training y la sensación de que su nombre está cada vez más cerca del roster inaugural. No es casualidad, hace un año, una primavera aún más explosiva (.429) le abrió la puerta para debutar en Grandes Ligas.
Osuna cumple, produce, levanta la mano… pero hay una pregunta que empieza a incomodar.
Si el talento está ahí… ¿por qué México nunca lo aprovechó en el Clásico Mundial?
Durante el pasado Clásico, el joven mexicano prácticamente no existió en el lineup… ppenas tres turnos como emergente, participación mínima y una confianza que nunca llegó. Todo esto bajo la dirección de Benjamín Gil, quien incluso ya conocía su potencial al haberlo dirigido en invierno con los Charros de Jalisco.
La decisión no pasó desapercibida. Mientras Osuna esperaba su oportunidad, otros nombres ocuparon los espacios clave, jugadores con etiqueta de “mexicanos por conveniencia”, como Randy Arozarena o Alek Thomas, tuvieron protagonismo… sin necesariamente marcar diferencia.
Y ahí es donde el debate se enciende. ¿Fue una decisión deportiva? ¿O una apuesta por nombres y marketing sobre rendimiento?
Hoy, mientras Osuna vuelve a responder en el diamante, la comparación se vuelve inevitable. Porque el beisbol no suele mentir: quien produce, juega… o al menos, debería.
Y si logra quedarse en el roster de Texas, la historia tomará todavía más fuerza, porque entonces ya no será solo una promesa ignorada… será un pelotero de Grandes Ligas que México decidió no usar. Y eso, en un país que presume talento, debería incomodar más de lo que se dice.


