
Parecía otra noche sólida para José Urquidy… hasta que el “niño maravilla” apareció en el peor momento. El mexicano entró en la octava entrada y cumplió sin drama: retiró el inning con autoridad, manteniendo a los Pirates con vida en un juego que todavía estaba al alcance.
Pero la novena cambió todo. El primer bateador de los Padres, Nick Castellanos, conectó una pelota manejable… que terminó en error del novato de 19 años Konnor Griffin, una de las joyas más mediáticas del beisbol actual, quien apenas debutó en MLB la semana pasada en medio de enorme expectativa.
Lo que debió ser el primer out… se convirtió en la grieta… y luego más adelante, el derrumbe. Un segundo error, ahora del antesalista Nick Yorke, terminó por descontrolar la entrada y a partir de ahí, los Padres no perdonaron.
Cuatro carreras cruzaron el plato… tres de ellas, sucias. Tres que simplemente no debieron existir y, aun así, en medio del caos, Urquidy ponchó a tres bateadores en la misma entrada.
El daño ya estaba hecho y el juego terminó 8-2, pero el boxscore no cuenta toda la historia, porque, aunque el mazatleco no estuvo perfecto, esta no fue una mala salida, fue injusta.
En apenas su tercera aparición del año, Urquidy permitió su primera carrera limpia de la temporada y dejó su efectividad en 1.80.


