
En el beisbol, no siempre gana el que mejor batea… a veces, gana el que aparece en el momento correcto. Y eso fue exactamente lo que ocurrió con el mexicano Jonathan Aranda en la victoria de éste sábado de los Tampa Bay Rays sobre los New York Yankees.
Con el juego empatado 4-4, casa llena y un out, el escenario estaba servido para el drama… los Yankees buscaban el doble play que les permitiera salir con vida y todo dependía de una ejecución limpia… pero en el beisbol las condiciones presentar sorpresas e inconvenientes para algunos.
Aranda conectó un roletazo débil rumbo a segunda base… no fue un batazo sólido… no fue espectacular, de hecho, parecía justo lo que la defensa necesitaba. Pero no lo fue.
La pelota salió lenta, incómoda, irregular. Y eso cambió todo porque el segunda base de New York, Jazz Chisholm Jr., tuvo que decidir en fracción de segundos: ya no había opción de forzar en home, así que la única jugada posible era tocar al corredor y luego completar una doble matanza con el out en primera.
No lo logró. La jugada se descompuso, no hubo outs… y la carrera de la victoria cruzó el plato.
Walk-off por fielder’s choice… una de las formas más raras de terminar un juego.
Y lo más curioso: Aranda terminó el día de 4-0, pero eso no importó. Porque mientras el marcador se movía y sus compañeros salían del dugout, todos corrieron a felicitarlo… en la imagen, su sonrisa lo dice todo: no fue el protagonista del box score… pero sí del momento.
Porque hay juegos que se ganan con poder y otros… simplemente estando ahí.
Y hoy, Jonathan Aranda ganó uno de esos.


