
En un beisbol donde cada vez es más difícil sostener carreras largas, lo de Ramiro Peña empieza a tomar otra dimensión. A sus casi 41 años, el infielder regiomontano no solo sigue activo con los Sultanes de Monterrey… sigue siendo un hombre importante dentro del roster.
Eso no es cualquier cosa… porque una cosa es mantenerse en el juego… y otra muy distinta es seguir compitiendo al nivel que lo hace Peña… con liderazgo, experiencia y, sobre todo, resultados que respaldan su presencia.
No es un lugar ganado sólo por su historia, es un lugar sostenido en el presente.
Su vigencia no es casualidad. Hay otro dato que aporta argumentos a su valor: apenas en marzo pasado, en la Liga Mexicana del Pacífico, los Tomateros de Culiacán hicieron un movimiento que dice mucho más de lo que parece: lo trajeron de regreso al equipo, cediendo en un canje a Ramón Ríos, un jugador que venía de batear .327 y pelear el título de bateo.
No fue un movimiento de nostalgia… fue una apuesta deportiva.
Peña sigue respondiendo como lo ha hecho durante toda su carrera: jugando con inteligencia, aportando en momentos clave y manteniendo ese perfil que lo ha convertido en referente dentro del clubhouse.
Su historia es larga. Firmado por los New York Yankees en 2005, debutó en Grandes Ligas en 2009 y acumuló siete temporadas en MLB, antes de iniciar un recorrido que incluyó Japón y, posteriormente, su llegada a la LMB en 2018 con Sultanes. Desde entonces, se ha convertido en algo más que un jugador… es un símbolo.
Pero incluso los símbolos suelen tener fecha de caducidad, aunque Peña, por ahora, parece ignorarla… porque el tiempo pasa, pero él sigue encontrando formas de competir.


