
Las estadísticas, sobre todo al inicio de temporada, pueden engañar, y el caso actual de Andrés Muñoz es el mejor ejemplo. El estelar cerrador de los Seattle Mariners sumó este sábado su segunda victoria del año en el triunfo 8-7 sobre los Houston Astros, dejando su marca en 2-1. Pero más allá del resultado, hay un dato que marca la historia: su efectividad ya está en 3.00.
Y eso cambia completamente la narrativa, porque hace apenas unos días, el panorama era muy distinto. El 28 de marzo, en su segunda aparición de la temporada, Muñoz tuvo una salida complicada: recibió cuadrangular, permitió tres carreras (dos limpias) y cargó con la derrota… en un solo inning, su efectividad se disparó hasta un llamativo 9.00.
Un número que, en un relevista, pesa más de lo normal, pero desde entonces, la respuesta ha sido inmediata.
Cuatro apariciones más, todas de una entrada —como marca su rol— y en ninguna ha permitido carrera. En ese lapso, además de estabilizar su trabajo en la loma, ha sumado dos victorias y un salvamento, recuperando la confianza y el control que lo caracterizan.
Ese es el punto clave. En roles de relevo corto, los números pueden inflarse rápido… pero también tardan en acomodarse. No hay margen de error amplio, pero sí hay tiempo para corregir.
Y Muñoz ya lo está haciendo. No hubo crisis… solamente hubo un mal día.
Porque cuando el mexicano encuentra su ritmo, vuelve a ser ese brazo dominante que marcó diferencia en 2025 y, poco a poco… ya lo está demostrando otra vez.


