
Lo que comenzó como un evento cargado de protocolo… terminó resolviéndose como suele hacerlo el beisbol: a batazos. Los Diablos Rojos del México enfrentaron en un juego de exhibición al equipo de la Secretaría de la Defensa Nacional en el Estadio Harp Helú, en un encuentro a cinco entradas, a puerta cerrada… aunque con buena presencia de invitados y familiares en las gradas, que llegaron de parte de la SEDENA.
Antes del playball, el guion fue el esperado: ceremonia, protocolo y figuras institucionales en el terreno. El propio secretario de la Defensa realizó el lanzamiento de la primera bola, acompañado por representantes del deporte y del beisbol organizado en México.
Todo en orden, pero cuando empezó el juego… cambió la historia.
Porque más allá del contexto, el diamante terminó hablando por sí solo, y ahí, el protagonista fue Juan Carlos Gamboa. El “Haper” conectó un Grand Slam en la tercera entrada que rompió el juego y marcó el rumbo de una victoria de 5-0 para los Diablos. Un batazo que, en medio de un ambiente distinto al habitual, recordó que el espectáculo sigue estando en el terreno.
Incluso con refuerzos prestados al equipo rival y un entorno más cercano a lo institucional que a lo competitivo, el juego encontró su momento… y lo encontró con poder.
Porque entre ceremonia, invitados y protocolo… el beisbol terminó imponiéndose.


