
En el beisbol, hay momentos donde todo cambia en cuestión de días y, eso es exactamente lo que está viviendo José Urquidy. El derecho de los Pittsburgh Pirates ha tenido dos salidas consecutivas de pesadilla, y lo que parecía estabilidad en su rol comienza a transformarse en preocupación real.
Primero fue el domingo, ante los Chicago Cubs: Con el juego empatado 6-6, Urquidy entró en la novena entrada con la responsabilidad de mantener a su equipo en la pelea. Pero no pudo… permitió tres imparables, apenas consiguió un out… y terminó cargando con la derrota en un desenlace de walk-off.
Un golpe duro, pero lo del lunes tal vez, fue todavía peor. Frente a los Washington Nationals, el mexicano lanzó una sola entrada —la séptima— y fue castigado con seis hits y cuatro carreras limpias. Un inning que se extendió más de la cuenta… y que solo terminó porque el contexto del juego lo permitió: Pittsburgh ganaba por paliza.
El resultado final (16-5) maquilló la historia colectiva… pero no la individual, porque en apenas dos apariciones,en días consecutivos, la efectividad de Urquidy se disparó hasta 8.53, un número que inevitablemente enciende alarmas en cualquier bullpen.
Y ahí está el problema, porque en MLB, los relevistas viven al límite. No hay demasiado margen de error, y cuando las salidas negativas se acumulan, las decisiones llegan rápido: ajustes, cambios de rol… o incluso movimientos en el roster.
Hoy, la conversación ya existe… no es oficial, pero empieza a sonar. En cuestión de dos días, José Urquidy pasó de ser una opción confiable… a un brazo bajo presión.
Y en este nivel, eso puede cambiarlo todo.


