
El juego puede ser cruel con los relevistas… un día eres intocable… y al siguiente, vulnerable. Y eso es justo lo que está viviendo el mexicano Andrés Muñoz con los Seattle Mariners en este arranque de 2026.
Hace apenas unos meses, Muñoz era sinónimo de dominio absoluto, su temporada 2025 fue simplemente espectacular: 1.73 de efectividad, marca de 3-3 en ganados y perdidos y nada menos que 38 salvamentos, cifra que lo colocó en el tercer lugar de toda la MLB. Era, sin discusión, uno de los tres mejores cerradores del planeta.
Pero el 2026 ha contado una historia muy distinta. Este miércoles, en la victoria 5-4 de Seattle sobre los Oakland Athletics, Muñoz volvió a ser protagonista… aunque no exactamente como quisiera. Entró en la novena entrada con la misión de asegurar el triunfo, pero terminó permitiendo un cuadrangular que empató el juego y salvamento perdido con sensación de déjà vu.
Y, sin embargo, el beisbol tenía preparado un giro inesperado. En la parte baja del episodio, los Mariners respondieron con un walk-off que le regaló la victoria a Muñoz. Sí, ganó el juego… pero dejando más dudas que certezas.
El dato es tan curioso como revelador: con esta victoria, Muñoz ya suma tres triunfos en abril, igualando todo lo que consiguió en ese departamento durante su brillante 2025. Pero lejos de ser una buena señal, el contexto lo cambia todo. Un cerrador no está para ganar juegos… está para cerrarlos.
Y ahí es donde hoy está fallando. Su efectividad ha escalado hasta un preocupante 8.00, reflejo claro de un inicio lleno de altibajos, lejos de ese perfil dominante e implacable que lo convirtió en élite. La recta sigue ahí. El talento también. Pero la ejecución… no está siendo la misma.
Porque en el mundo de los relevistas, la línea entre héroe y villano es delgada y, por ahora, Muñoz sigue en el centro de esa cuerda floja.


