
El martes en el arranque en casa dejó sensaciones encontradas para los aficionados de los Tecolotes de los Dos Laredos, al menos del lado mexicano de la frontera.
En el terreno, todo bien: victoria en el primer juego como locales en Nuevo Laredo, pero fuera del diamante, la conversación tomó otro rumbo… y no fue aislada. En redes sociales y entre la afición presente, comenzaron a repetirse observaciones similares que apuntan a una misma idea: el equipo responde, pero el entorno no termina de acompañar.
Se habla del estado del estadio, de un sonido deficiente, de imagen poco renovada y de una promoción que no logra conectar como antes. Más que una crítica puntual, el mensaje se percibe como un resumen colectivo de varias voces que coinciden en lo mismo.
Y hay un punto que resuena por encima del resto: la asistencia… porque fue la inauguración y se reportó una asistencia de 4,186, apenas un poco más del 80% del aforo.
Ver espacios vacíos en una inauguración —incluso con boletos liberados— no pasó desapercibido. Menos en una plaza con tradición, conocimiento del juego y un equipo que, año tras año, se mantiene protagonista en la Liga Mexicana de Beisbol.
En medio de ese diagnóstico, también surge una lectura interesante entre la propia afición: la sensación de que el proyecto mantiene una filosofía “a la antigua”, donde la prioridad absoluta está en lo deportivo. Un equipo competitivo, protagonista y bien armado… pero con menor énfasis en áreas que hoy marcan tendencia en la liga, como la experiencia en el estadio, la activación de marca o la conexión constante con el público.
No es necesariamente una crítica frontal, sino un contraste evidente con lo que otros clubes han comenzado a desarrollar en los últimos años. En una época donde el espectáculo va más allá del terreno de juego, el reto parece estar en equilibrar ambos mundos.


