
No fue un accidente… tampoco una casualidad aislada, lo de San Diego empieza a parecer… costumbre.
Los Padres volvieron a venir de atrás, esta vez en la Ciudad de México, para derrotar 6-4 a Arizona tras estar abajo 4-0. Un guion que, lejos de ser nuevo, comienza a repetirse con una frecuencia que ya genera conversación dentro y fuera del clubhouse.
Tras el juego, el mánager Craig Stammen, quien vive su primera temporada al frente del equipo en 2026, fue cuestionado directamente: ¿está su equipo adoptando una mentalidad de nunca rendirse?
La respuesta no fue exagerada, pero sí reveladora. Porque los antecedentes están ahí… apenas el 15 de abril, San Diego firmó una remontada dramática en la novena entrada ante Seattle. Días después, en Colorado, repitieron la historia frente a los Rockies. Y ahora, en territorio mexicano, volvieron a levantarse cuando el juego parecía cuesta arriba.
No es solo bateo oportuno, tampoco únicamente pitcheo que aguanta… es una mezcla de paciencia, turnos de calidad y una evidente negativa a dar un juego por perdido.
En un calendario largo como el de Grandes Ligas, estas señales suelen pasar desapercibidas. Pero cuando se repiten en distintos escenarios —casa, gira y ahora escenario internacional— empiezan a construir algo más profundo.
San Diego no quiere etiquetas fáciles. Pero mientras los resultados sigan llegando así… será difícil no ponerles una.


