
El nombre de Trevor Bauer volvió a aparecer en los encabezados… Juego sin hit ni carrera… Dominante, otra vez.
Pero en México… casi no pasó nada. Y no siempre fue así.
Hace apenas unos meses, en febrero, su visita al estadio de los Diablos Rojos del México encendió todo: rumores, expectativa, la sensación de que el regreso era inminente y, la gente quería creer. Pero en abril llegó la confirmación: no volvía y, con eso algo cambió… la ilusión se apagó… y también la conversación.
Porque si en 2024 muchos le aplaudieron todo —incluso entendiendo que México podía ser solo una escala en su camino—, esta vez la lectura fue distinta. Más fría y más directa.
En el terreno, mientras tanto, no ha bajado el nivel: con los Long Island Ducks lanzó siete entradas sin hit ni carrera, permitió solo un corredor por base por bolas, ponchó a siete y retiró a los primeros 15 bateadores en una victoria 13-0, firmando apenas el tercer no-hitter en la historia de la franquicia.
Bauer eligió otro rumbo y México también. Hoy, mientras persigue su regreso a MLB desde otra vitrina, la reacción de este lado es mínima y, no por falta de talento, ni tampoco por falta de historia reciente: sino porque el vínculo… ya se procesó.
Se fue la expectativa y se fue la discusión.
Y llegó algo que tal vez es lo más sano: “a mirar para adelante… a lo que sigue”.


