
La decisión sorprendió por el momento… pero no tanto por el fondo. Los Boston Red Sox decidieron cortar de manera drástica el proceso encabezado por Alex Cora, despidiendo no solo al manager, sino a todo su cuerpo técnico en un movimiento que refleja mucho más que un mal inicio de temporada.
Sí, el arranque de 2026 ha sido muy por debajo de las expectativas… Sí, hubo inversión, ajustes y una clara intención de competir.
Pero la realidad es que los resultados no llegaron. Más allá de las cifras actuales, en la organización parecía crecer una sensación incómoda: el equipo no evolucionaba, los jugadores no alcanzaban su nivel esperado y el impacto del manager ya no era el mismo.
Lejos quedó aquel 2018 en el que Cora llevó a Boston al título de Serie Mundial y hoy, la percepción interna era distinta.
Un equipo sin identidad clara, un clubhouse sin la energía de antes y, una dirección que dejó de generar respuestas. El movimiento, aunque drástico, apunta a una conclusión evidente: la paciencia se agotó.
La directiva de Boston no solo reaccionó a un mal inicio… reaccionó a una tendencia que ya no estaban dispuestos a sostener.
Porque en organizaciones de ese tamaño, el tiempo no se mide en temporadas… se mide en resultados.


