
Los Toros de Tijuana oficializaron la salida del dominicano Aderlín Rodríguez, quien continuará su carrera en Corea con los Kia Tigers. En lo deportivo, la noticia es clara: Tijuana pierde a uno de sus bates más temidos. En lo emocional, el golpe es mayor: se va un jugador que ya había construido una conexión real con la afición.
Rodríguez no era un extranjero más. Entre 2023, 2024, la segunda parte de 2025 y el arranque de 2026, se convirtió en referente del lineup y en figura para la tribuna. Sus 70 cuadrangulares en temporada regular en la Liga Mexicana de Béisbol respaldan esa percepción, aunque este año no había logrado conectar jonrón.
Pero hay un detalle que pesa más que los números: En 2025, Aderlín ya se había ido… y volvió.
Y ese regreso no fue uno más. Fue recibido como una buena noticia por la afición, como el retorno de un jugador que ya sentían propio en una liga donde la permanencia rara vez está garantizada.
Hoy la historia es distinta… se va otra vez. Y esta vez, sin certeza de regreso.
La directiva de los Toros de Tijuana destacó la salida como un logro institucional, subrayando que el interés de ligas como la coreana refleja el nivel de su roster y el desarrollo de sus peloteros.
El mensaje es entendible, pero no necesariamente conecta, porque mientras el club habla de proyección, el aficionado siente pérdida y, porque mientras el discurso apunta al crecimiento, la tribuna pierde a uno de los suyos.
Y ahí es donde aparece el contraste: No en la decisión… sino en la forma de comunicarla.
Porque hay salidas que se explican y hay salidas que se resienten.
La de Aderlín Rodríguez, por lo que representaba en Tijuana, pertenece claramente a la segunda.


