
Cincuenta carreras… en apenas dos juegos.
Los juegos de miércoles y jueves entre los Diablos Rojos del México y El Águila de Veracruz en el Estadio Alfredo Harp Helú terminaron convirtiéndose en una auténtica exhibición ofensiva… o, dependiendo de quién lo vea, en munición perfecta para los críticos de la Liga Mexicana de Beisbol.
Primero, Veracruz sorprendió el miércoles aplastando 18-4 a los Diablos. Y apenas un día después, la respuesta escarlata fue todavía más brutal: triunfo de 25-3 en un juego que por momentos pareció más una práctica de bateo que un duelo profesional.
El total combinado: 50 carreras en dos noches.
Y ahí aparece nuevamente un debate que persigue constantemente a la LMB. Porque para muchos aficionados, este tipo de marcadores representan espectáculo puro: ofensivas explosivas, cuadrangulares, rallies interminables y entretenimiento garantizado. Pero para los detractores, series así terminan alimentando la percepción de un béisbol demasiado inclinado hacia el bateo, donde el pitcheo pierde protagonismo y los partidos se vuelven desproporcionados. Ademásclaro, de insnuar que es una liga sin un verdadero nivel de competencia.
El contexto de la Ciudad de México tampoco ayuda a apagar la conversación. La altura y las condiciones ofensivas del Alfredo Harp Helú llevan años siendo tema recurrente cada vez que aparecen marcadores extremos.
Lo que sí queda claro es una cosa: Pocas ligas generan conversaciones tan intensas alrededor de sus marcadores como la LMB.


