
La desaparición de Charros Femenil de la Liga Mexicana de Softbol no sólo representa el fin de un proyecto deportivo. También ha dejado en la incertidumbre a las principales protagonistas de la historia: sus jugadoras.
En los últimos días, algunas integrantes del equipo tapatío han utilizado sus redes sociales para expresar tanto su tristeza por el cierre de la franquicia como su preocupación por el futuro inmediato de sus carreras. Y es que, de acuerdo con sus propias publicaciones, varias de ellas desconocen cuál será su situación contractual de cara a la próxima temporada.
La principal duda es sencilla, pero importante: ¿Pasarán automáticamente a formar parte de Leonas de Yucatán o quedarán en libertad para negociar con cualquier organización de la LMS?
Hasta el momento, ni la Liga Mexicana de Softbol ni la propia organización han emitido una explicación pública detallando el mecanismo mediante el cual se resolverá el destino deportivo de las jugadoras. Y sería deseable que así ocurriera.
La LMS nació con el objetivo de impulsar el desarrollo del softbol profesional femenino en México. Por ello, brindar certeza a las deportistas sobre sus derechos, opciones y situación contractual debería formar parte de las prioridades del circuito, porque detrás de cada franquicia existen historias personales.
Hay jugadoras que han dejado trabajos, y tienen que planear sus tiempos del año considerando que las temporadas son cortas y son varias alrededor del mundo en este deporte en el profesionalismo.
Hoy, más allá de la llegada de Leonas de Yucatán o de los movimientos administrativos entre organizaciones, muchas de ellas siguen esperando algo mucho más sencillo: una respuesta.


