
Los Saraperos de Saltillo anunciaron oficialmente la incorporación del lanzador zurdo venezolano Edwin Escobar como refuerzo para la recta final de la temporada 2026 de la Liga Mexicana de Beisbol.
En el comunicado, la organización destacó su experiencia en Grandes Ligas y su exitosa trayectoria en el beisbol de Japón, presentándolo como una pieza que fortalecerá el cuerpo de pitcheo en el último mes de la campaña.
Sin embargo, el anuncio también abre una pregunta inevitable. ¿Por qué tanto entusiasmo por un lanzador que llega después de dos experiencias muy complicadas… en esta misma temporada y en esta misma liga?
Escobar inició el año con los Leones de Yucatán, donde trabajó en 25 encuentros y terminó con una efectividad de 7.23. Posteriormente pasó a los Diablos Rojos del México, pero la historia fue muy similar: lanzó en nueve juegos y registró una efectividad de 6.75 antes de salir nuevamente de la organización.
Ahora, sin que siquiera hayan transcurrido tres meses de temporada, vestirá un tercer uniforme en la temporada 2026 de la LMB. Una situación llamativa cuando sus números no respaldan precisamente la etiqueta de “gran refuerzo”.
Es cierto que Escobar cuenta con experiencia de Grandes Ligas y que durante varios años fue un lanzador importante en Japón, credenciales que explican por qué todavía despierta interés en el mercado, pero Saraperos no contrató al Edwin Escobar de hace algunos años, contrató al relevista que en 2026 no logró consolidarse ni con Leones de Yucatán ni con los Diablos Rojos del México.
Ahora, Saltillo apuesta a que el tercer uniforme sea, por fin, el que cambie su historia.



