
El Grand Slam de Julián Ornelas acaparó los reflectores durante la victoria de los Diablos Rojos del México por 12-1 sobre los Pericos de Puebla. El batazo no solo encaminó el triunfo que completó la barrida y extendió a 13 juegos la racha de victorias de los escarlatas, también representó el décimo grand slam del club en la temporada, una nueva marca para la franquicia.
Sin embargo, detrás de los cuadrangulares existe un dato que explica mejor la transformación que vive el jardinero mexicano.
Ornelas ya llegó a 30 bases robadas, la segunda mayor cantidad de toda la Liga Mexicana de Beisbol. Lo sorprendente no es únicamente que esté peleando el liderato del circuito, sino la velocidad con la que cambió una faceta que durante años pasó prácticamente desapercibida.
En sus cinco temporadas anteriores en la LMB con los Diablos, Ornelas acumuló 29 robos de base en 363 juegos. Ahora, cuando apenas suma 78 encuentros en la campaña 2026, ya superó esa cifra con 30 estafas, más del doble del ritmo que había mostrado a lo largo de toda su carrera.
A ello se agrega una producción ofensiva de primer nivel. Con su grand slam frente a Puebla alcanzó 17 cuadrangulares, la mayor cifra entre los peloteros mexicanos del circuito, consolidándose como uno de los jugadores más completos de la temporada.
Su evolución también ayuda a explicar el extraordinario momento de los Diablos. Mientras la organización igualó la segunda mejor racha de victorias consecutivas de su historia con 13 triunfos, una marca que únicamente había conseguido en 1940, Ornelas se ha convertido en uno de los motores de ese dominio.
Hoy ya no puede definirse únicamente como un bateador de poder. Julián Ornelas sigue produciendo carreras con el bat, pero ahora también cambia juegos con sus piernas, una combinación que lo ha llevado a convertirse en uno de los peloteros más valiosos y difíciles de contener en toda la LMB.



