
Durante años hemos visto en redes sociales a aficionados asegurar, con una seguridad sorprendente, que cada vez que se enfrentan los Diablos Rojos del México y los Guerreros de Oaxaca existen arreglos realizados “debajo de la mesa”. El “argumento” siempre es el mismo: ambos equipos pertenecen a la misma familia. Las acusaciones, sin embargo, se hacen sin presentar una sola prueba.
Y ahora, con Diablos y Guerreros ya eliminados, apareció una nueva teoría antes de que comenzara la Serie de Campeonato de la Zona Sur entre los Olmecas de Tabasco y los Pericos de Puebla. El argumento parte de un hecho real: el propietario de los Pericos tiene importantes negocios con el gobierno de Tabasco. A eso se suma el optimismo mostrado por el gobernador Javier May respecto a los Olmecas.
A partir de ahí, se construye la sospecha de un posible “arreglo”. ¿Podría existir algo así? En el deporte, como en cualquier otra actividad humana, nadie puede asegurar que algo es absolutamente imposible, pero una cosa es considerar una posibilidad y otra muy diferente acusar públicamente sin presentar una sola prueba.
Y, sobre todo, sin tomar en cuenta a quienes realmente están en el terreno. ¿No cuentan el esfuerzo de los jugadores, los mánagers y los cuerpos técnicos? ¿Tampoco la afición que está viviendo intensamente estas series?
Convertir una relación empresarial en una supuesta prueba de que un resultado deportivo está arreglado es una irresponsabilidad que también significa demeritar el trabajo de todos ellos (jugadores y miembros del cuepo técnico). Además, los jugadores no pertenecen de por vida a una sola organización. Hoy defienden una camiseta, antes pudieron haber defendido otra y mañana quizá estén en un equipo diferente…. lo mismo ocurre con mánagers y coaches.
Eso no significa que sea imposible descubrir algún día una irregularidad. Si existen pruebas, hay que investigarlas y exhibirlas, pero acusar sin pruebas se ha convertido en una costumbre demasiado fácil… una costumbre que permite lanzar sospechas desde la comodidad de una red social, sin asumir la responsabilidad de demostrar lo que se está diciendo.
Lanzar una sospecha es fácil… demostrarla es otra cosa. Y mientras no exista una sola prueba, detrás de cada acusación de un “arreglo” quedan devaluados el trabajo de jugadores, mánagers y cuerpos técnicos, como si todos ellos no importaran y el resultado dependiera únicamente de quienes están fuera del terreno.
Tal vez ésa sea la verdadera costumbre absurda: convertir una sospecha en una acusación… y después exigir que sean los demás quienes demuestren que no era cierta.



