
En 1994, muchos pensaban que Fernando Valenzuela ya había llegado al final de su carrera.
Después de una extraordinaria década con los Dodgers de Los Ángeles, el equipo que lo había convertido en una leyenda lo dejó en libertad después de la temporada de 1990. Las lesiones habían comenzado a cobrarle factura y sus siguientes experiencias en Grandes Ligas, primero con los Angels (1991) y después con los Orioles (1993), no habían resultado como esperaba.
Entonces regresó a México. En 1994, jugando nuevamente para los Charros de Jalisco (en 1992 ya lo había hecho), El Toro parecía estar recuperando aquella magia. Terminó la temporada con marca de 10-3 y efectividad de 2.67 en 17 aperturas, actuación que le valió ser seleccionado al Juego de Estrellas de la LMB y, posteriormente, recibir otra oportunidad en Grandes Ligas.
Aquel Juego de Estrellas fue muy especial. La selección de la Liga Mexicana enfrentó a la de la Texas League en una serie de dos juegos, el primero de ellos en Monterrey y el segundo en San Antonio.
Y fue precisamente en esos días cuando tuve la oportunidad de convivir a solas con Fernando. Yo trabajaba entonces en las oficinas de la Liga Mexicana de Beisbol y me encomendaron llevarlo al aeropuerto. Durante el trayecto tuvimos una conversación muy amistosa, y me atreví a preguntarle algo que seguramente muchos otros también pensaban:
¿No has considerado retirarte, como muchos opinan?… la respuesta de Fernando se me quedó grabada para siempre.
Me explicó, en esencia, que solamente dejaría de jugar cuando ya no pudiera hacerlo. Que jugar beisbol era lo que lo hacía feliz y que para él era más importante seguir haciendo aquello que disfrutaba que preocuparse exclusivamente por cómo quedarían sus números en los libros de historia…. Incluso aceptaba que alguien pudiera pensar que continuar jugando demeritaba su trayectoria, pero eso, no le importaba.
Él quería seguir jugando.
Después de aquella temporada con los Charros, Fernando regresó a Grandes Ligas y todavía lanzó durante cinco temporadas más con Phillies, Padres y Cardinals. Finalmente se retiró años más tarde en México.
Aquel día en el aeropuerto entendí algo que va mucho más allá del beisbol. Hay momentos en la vida en los que los demás creen saber cuándo deberías terminar algo que todavía te hace feliz. Fernando Valenzuela decidió que esa decisión solamente le correspondía a él y, mientras pudo hacerlo, siguió jugando. (CARLOS KREIMERMAN).

En 1994, muchos pensaban que Fernando Valenzuela ya había llegado al final de su carrera.
Después de una extraordinaria década con los Dodgers de Los Ángeles, el equipo que lo había convertido en una leyenda lo dejó en libertad después de la temporada de 1990. Las lesiones habían comenzado a cobrarle factura y sus siguientes experiencias en Grandes Ligas, primero con los Angels (1991) y después con los Orioles (1993), no habían resultado como esperaba.
Entonces regresó a México. En 1994, jugando nuevamente para los Charros de Jalisco (en 1992 ya lo había hecho), El Toro parecía estar recuperando aquella magia. Terminó la temporada con marca de 10-3 y efectividad de 2.67 en 17 aperturas, actuación que le valió ser seleccionado al Juego de Estrellas de la LMB y, posteriormente, recibir otra oportunidad en Grandes Ligas.
Aquel Juego de Estrellas fue muy especial. La selección de la Liga Mexicana enfrentó a la de la Texas League en una serie de dos juegos, el primero de ellos en Monterrey y el segundo en San Antonio.
Y fue precisamente en esos días cuando tuve la oportunidad de convivir a solas con Fernando. Yo trabajaba entonces en las oficinas de la Liga Mexicana de Beisbol y me encomendaron llevarlo al aeropuerto. Durante el trayecto tuvimos una conversación muy amistosa, y me atreví a preguntarle algo que seguramente muchos otros también pensaban:
¿No has considerado retirarte, como muchos opinan?… la respuesta de Fernando se me quedó grabada para siempre.
Me explicó, en esencia, que solamente dejaría de jugar cuando ya no pudiera hacerlo. Que jugar beisbol era lo que lo hacía feliz y que para él era más importante seguir haciendo aquello que disfrutaba que preocuparse exclusivamente por cómo quedarían sus números en los libros de historia…. Incluso aceptaba que alguien pudiera pensar que continuar jugando demeritaba su trayectoria, pero eso, no le importaba.
Él quería seguir jugando.
Después de aquella temporada con los Charros, Fernando regresó a Grandes Ligas y todavía lanzó durante cinco temporadas más con Phillies, Padres y Cardinals. Finalmente se retiró años más tarde en México.
Aquel día en el aeropuerto entendí algo que va mucho más allá del beisbol. Hay momentos en la vida en los que los demás creen saber cuándo deberías terminar algo que todavía te hace feliz. Fernando Valenzuela decidió que esa decisión solamente le correspondía a él y, mientras pudo hacerlo, siguió jugando. (CARLOS KREIMERMAN).


