
La Confederación de Beisbol Profesional del Caribe concluyó que Robinson Canó “deberá jugar con los Tomateros de Culiacán” y buena parte de la prensa ya lo convirtió en una certeza: “Canó tendrá que jugar en Culiacán”, “Canó jugará con Tomateros”.
Afirmarlo con tal seguridad, nos parece absurdo. La resolución puede determinar que el acuerdo con Culiacán tiene validez sobre los reclamos de las Estrellas Orientales, y sí, el fallo es firme e indica que Canó deberá cumplir su compromiso con Tomateros.
Pero una cosa es tener los derechos de un jugador y otra muy diferente es tener al jugador… jugando para ti. ¿Quién puede obligar a Canó a ponerse un uniforme y salir al terreno si él no quiere?
Nadie.
Y es que además, las circunstancias hacen todavía más difícil imaginar que Canó vaya a aceptar voluntariamente jugar en Culiacán. Estamos hablando de un pelotero que, según cifras de salarios de MLB, ha cobrado alrededor de 252 millones de dólares en Grandes Ligas y se encuentra entre los 20 jugadores con mayores ingresos de la historia y, todo eso, sin considerar lo que ha recibido en la pelota invernal, en la LMB, en contratos de publicidad, y negocios e inversiones.
A sus casi 44 años, y con la fortuna que posee… necesidad no tiene. Enronces es totalmente irreal pensar que una decisión de una Confederación, le puede obligar a ir a jugar (y vivir) donde él no quiere.
Y es que… ¿realmente querrá ir a jugar para Culiacán después de toda esta controversia? … donde además, desde mayo pasado, una sector importante de prensa y aficionados se ha pronunciado en contra de él.
Por eso convertir una resolución sobre derechos deportivos en una afirmación sobre la voluntad del jugador, no tiene sentido. Tomateros puede tener los derechos… la Confederación puede haber fallado a su favor, pero eso no significa que alguien pueda obligar a Robinson Canó a jugar donde no quiere.
Y mucho menos afirmar, como erróneamente muchos han afirmado: “tendrá que jugar en Culiacán” “jugará en Culiacán”. Y es que, si Canó no quiere ir, tiene a su mano múltiples formas y recursos para no hacerlo…
Una cosa es tener el derecho. Otra, tener al jugador.

La Confederación de Beisbol Profesional del Caribe concluyó que Robinson Canó “deberá jugar con los Tomateros de Culiacán” y buena parte de la prensa ya lo convirtió en una certeza: “Canó tendrá que jugar en Culiacán”, “Canó jugará con Tomateros”.
Afirmarlo con tal seguridad, nos parece absurdo. La resolución puede determinar que el acuerdo con Culiacán tiene validez sobre los reclamos de las Estrellas Orientales, y sí, el fallo es firme e indica que Canó deberá cumplir su compromiso con Tomateros.
Pero una cosa es tener los derechos de un jugador y otra muy diferente es tener al jugador… jugando para ti. ¿Quién puede obligar a Canó a ponerse un uniforme y salir al terreno si él no quiere?
Nadie.
Y es que además, las circunstancias hacen todavía más difícil imaginar que Canó vaya a aceptar voluntariamente jugar en Culiacán. Estamos hablando de un pelotero que, según cifras de salarios de MLB, ha cobrado alrededor de 252 millones de dólares en Grandes Ligas y se encuentra entre los 20 jugadores con mayores ingresos de la historia y, todo eso, sin considerar lo que ha recibido en la pelota invernal, en la LMB, en contratos de publicidad, y negocios e inversiones.
A sus casi 44 años, y con la fortuna que posee… necesidad no tiene. Enronces es totalmente irreal pensar que una decisión de una Confederación, le puede obligar a ir a jugar (y vivir) donde él no quiere.
Y es que… ¿realmente querrá ir a jugar para Culiacán después de toda esta controversia? … donde además, desde mayo pasado, una sector importante de prensa y aficionados se ha pronunciado en contra de él.
Por eso convertir una resolución sobre derechos deportivos en una afirmación sobre la voluntad del jugador, no tiene sentido. Tomateros puede tener los derechos… la Confederación puede haber fallado a su favor, pero eso no significa que alguien pueda obligar a Robinson Canó a jugar donde no quiere.
Y mucho menos afirmar, como erróneamente muchos han afirmado: “tendrá que jugar en Culiacán” “jugará en Culiacán”. Y es que, si Canó no quiere ir, tiene a su mano múltiples formas y recursos para no hacerlo…
Una cosa es tener el derecho. Otra, tener al jugador.


