
Los Toros de Tijuana se llevaron el Juego 3 de la Serie del Rey por 2-0, pero la verdadera historia estuvo en el pitcheo que dejó sin respuesta a los Olmecas de Tabasco.
El juego estaba completamente abierto. Tijuana ganaba apenas 1-0 hasta la novena entrada y, aun después de que llegó el 2-0, los Olmecas tenían tres outs para buscar el empate.
Pero a partir de la sexta entrada, Tabasco nunca pudo siquiera poner a un corredor en base.
David Reyes fue fenomenal durante las primeras cinco entradas. Mantuvo en cero a los Olmecas y entregó el juego en las mejores condiciones posibles.
Y entonces llegó el bullpen. Cuatro relevistas. Una entrada para cada uno. Cuatro innings perfectos. Adbert Alzolay retiró en orden la sexta entrada. Jonathan Aro hizo lo mismo en la séptima. Roel Ramírez dominó la octava. Y Brett de Geus cerró la novena de manera impecable.
El resultado: 12 bateadores enfrentados por los relevistas y 12 retirados. Ningún hit. Ninguna base por bolas. Ningún error que permitiera embasarse. Nadie llegó a primera.
Y si agregamos el último out conseguido por Reyes en la quinta entrada, Tijuana retiró consecutivamente a 13 bateadores para cerrar el encuentro.
Eso es todavía más impresionante porque no estamos hablando de un juego definido desde temprano… los Olmecas seguían con vida, tenían oportunidad de empatar pero simplemente no encontraron la manera de llegar a base desde la sexta entrada.
Reyes puso la primera parte de la obra y después, cuatro relevistas hicieron el resto a la perfección.
Fue una demostración de cómo se gana un juego cerrado: un abridor fenomenal y cuatro relevos perfectos.

Los Toros de Tijuana se llevaron el Juego 3 de la Serie del Rey por 2-0, pero la verdadera historia estuvo en el pitcheo que dejó sin respuesta a los Olmecas de Tabasco.
El juego estaba completamente abierto. Tijuana ganaba apenas 1-0 hasta la novena entrada y, aun después de que llegó el 2-0, los Olmecas tenían tres outs para buscar el empate.
Pero a partir de la sexta entrada, Tabasco nunca pudo siquiera poner a un corredor en base.
David Reyes fue fenomenal durante las primeras cinco entradas. Mantuvo en cero a los Olmecas y entregó el juego en las mejores condiciones posibles.
Y entonces llegó el bullpen. Cuatro relevistas. Una entrada para cada uno. Cuatro innings perfectos. Adbert Alzolay retiró en orden la sexta entrada. Jonathan Aro hizo lo mismo en la séptima. Roel Ramírez dominó la octava. Y Brett de Geus cerró la novena de manera impecable.
El resultado: 12 bateadores enfrentados por los relevistas y 12 retirados. Ningún hit. Ninguna base por bolas. Ningún error que permitiera embasarse. Nadie llegó a primera.
Y si agregamos el último out conseguido por Reyes en la quinta entrada, Tijuana retiró consecutivamente a 13 bateadores para cerrar el encuentro.
Eso es todavía más impresionante porque no estamos hablando de un juego definido desde temprano… los Olmecas seguían con vida, tenían oportunidad de empatar pero simplemente no encontraron la manera de llegar a base desde la sexta entrada.
Reyes puso la primera parte de la obra y después, cuatro relevistas hicieron el resto a la perfección.
Fue una demostración de cómo se gana un juego cerrado: un abridor fenomenal y cuatro relevos perfectos.


