
Hace apenas seis días escribimos sobre Jeremy Rhoades y una quinta entrada que terminó convirtiéndose en una pesadilla para el abridor de los Olmecas.
Fue en el Juego 2 de la Serie del Rey. Rhoades llegó al quinto inning con el encuentro empatado 1-1 y ahí comenzó una de las ofensivas más impresionantes de toda la serie: Tijuana anotó 10 carreras antes del primer out, conectó 10 imparables y terminó ganando 13-2.
Seis días después, en el Juego 6, la historia volvió a llevar a Rhoades al mismo lugar… la quinta entrada.
Esta vez no hubo una avalancha de carreras ni una entrada interminable. Al contrario: el pitcheo de ambos equipos había mantenido el marcador en cero y Rhoades estaba sosteniendo nuevamente a los Olmecas en un juego en el que cada lanzamiento tenía enorme importancia.
Pero llegaron los Toros…. en la quinta entrada y, encontraron el bateo oportuno que necesitaban y fabricaron las únicas dos carreras de todo el encuentro.
Dos carreras y nada más. Pero fueron suficientes para que Tijuana derrotara 2-0 a Tabasco, ganara el Juego 6 y se proclamara campeón de la Liga Mexicana de Beisbol.
Y ahí aparece una de esas coincidencias que difícilmente pasan desapercibidas. Dos juegos contra el mismo pitcher, dos quintas entradas decisivas… en los dos últimos juegos el año en Tijuana.
En el Juego 2, Tijuana convirtió la quinta en una explosión de 10 carreras.
En el Juego 6, la quinta produjo solamente dos, pero fueron las dos que definieron el campeonato.
Claro que fueron situaciones completamente diferentes, pero para Rhoades quedará una coincidencia difícil de borrar: La quinta entrada.

Hace apenas seis días escribimos sobre Jeremy Rhoades y una quinta entrada que terminó convirtiéndose en una pesadilla para el abridor de los Olmecas.
Fue en el Juego 2 de la Serie del Rey. Rhoades llegó al quinto inning con el encuentro empatado 1-1 y ahí comenzó una de las ofensivas más impresionantes de toda la serie: Tijuana anotó 10 carreras antes del primer out, conectó 10 imparables y terminó ganando 13-2.
Seis días después, en el Juego 6, la historia volvió a llevar a Rhoades al mismo lugar… la quinta entrada.
Esta vez no hubo una avalancha de carreras ni una entrada interminable. Al contrario: el pitcheo de ambos equipos había mantenido el marcador en cero y Rhoades estaba sosteniendo nuevamente a los Olmecas en un juego en el que cada lanzamiento tenía enorme importancia.
Pero llegaron los Toros…. en la quinta entrada y, encontraron el bateo oportuno que necesitaban y fabricaron las únicas dos carreras de todo el encuentro.
Dos carreras y nada más. Pero fueron suficientes para que Tijuana derrotara 2-0 a Tabasco, ganara el Juego 6 y se proclamara campeón de la Liga Mexicana de Beisbol.
Y ahí aparece una de esas coincidencias que difícilmente pasan desapercibidas. Dos juegos contra el mismo pitcher, dos quintas entradas decisivas… en los dos últimos juegos el año en Tijuana.
En el Juego 2, Tijuana convirtió la quinta en una explosión de 10 carreras.
En el Juego 6, la quinta produjo solamente dos, pero fueron las dos que definieron el campeonato.
Claro que fueron situaciones completamente diferentes, pero para Rhoades quedará una coincidencia difícil de borrar: La quinta entrada.


