
Durante la presente temporada, los Toronto Blue Jays le han abierto la puerta de Grandes Ligas a tres mexicanos más para hacerle compañía a Alejandro Kirk. Las historias de Brandon Valenzuela, Luis Urías y José Rodríguez son diferentes, pero tienen algo en común: ninguno había recibido una verdadera oportunidad de sus organizaciones anteriores. Toronto sí la vio.
Brandon Valenzuela pasó siete años, entre 2018 y 2025, en las sucursales de los Padres de San Diego. Nunca llegó el llamado, pero Toronto lo adquirió y poco después lo llevó a Grandes Ligas. El resultado fue inmediato: respondió y demostró que aquella oportunidad pudo haber llegado mucho antes.
El caso de Luis Urías es diferente. Con trayectoria previa en MLB, Arizona lo había contratado a principios del año para jugar en las menores. Toronto lo adquirió, lo llevó nuevamente a Grandes Ligas y Urías respondió con buenas actuaciones, hasta que una lesión interrumpió su paso.
Y apenas el viernes llegó el turno de José Rodríguez. Después de cinco años en las menores de los Dodgers, la posibilidad de llegar a MLB parecía lejana. Toronto lo tomó y rápidamente le abrió la puerta y sus primeras actuaciones han sido estupendas.
Tres historias distintas, pero una coincidencia difícil de ignorar: Toronto encontró algo que otras organizaciones no terminaron de aprovechar.
¿Tiene esto algo que ver con Alejandro Kirk? No podemos afirmar que Toronto haya tomado estas decisiones por él, pero sí resulta inevitable pensar en el impacto que Kirk ha tenido desde su llegada a los Blue Jays: sus actuaciones, su permanencia y, especialmente, el cariño que ha construido con la afición pudieron ayudar a generar una mayor confianza hacia el talento mexicano.
Kirk abrió una puerta con sus actuaciones y ahora tres compatriotas la han cruzado.

Durante la presente temporada, los Toronto Blue Jays le han abierto la puerta de Grandes Ligas a tres mexicanos más para hacerle compañía a Alejandro Kirk. Las historias de Brandon Valenzuela, Luis Urías y José Rodríguez son diferentes, pero tienen algo en común: ninguno había recibido una verdadera oportunidad de sus organizaciones anteriores. Toronto sí la vio.
Brandon Valenzuela pasó siete años, entre 2018 y 2025, en las sucursales de los Padres de San Diego. Nunca llegó el llamado, pero Toronto lo adquirió y poco después lo llevó a Grandes Ligas. El resultado fue inmediato: respondió y demostró que aquella oportunidad pudo haber llegado mucho antes.
El caso de Luis Urías es diferente. Con trayectoria previa en MLB, Arizona lo había contratado a principios del año para jugar en las menores. Toronto lo adquirió, lo llevó nuevamente a Grandes Ligas y Urías respondió con buenas actuaciones, hasta que una lesión interrumpió su paso.
Y apenas el viernes llegó el turno de José Rodríguez. Después de cinco años en las menores de los Dodgers, la posibilidad de llegar a MLB parecía lejana. Toronto lo tomó y rápidamente le abrió la puerta y sus primeras actuaciones han sido estupendas.
Tres historias distintas, pero una coincidencia difícil de ignorar: Toronto encontró algo que otras organizaciones no terminaron de aprovechar.
¿Tiene esto algo que ver con Alejandro Kirk? No podemos afirmar que Toronto haya tomado estas decisiones por él, pero sí resulta inevitable pensar en el impacto que Kirk ha tenido desde su llegada a los Blue Jays: sus actuaciones, su permanencia y, especialmente, el cariño que ha construido con la afición pudieron ayudar a generar una mayor confianza hacia el talento mexicano.
Kirk abrió una puerta con sus actuaciones y ahora tres compatriotas la han cruzado.


