
La posible llegada de Benjamín Gil a los Diablos Rojos del México abre una pregunta que va más allá de quién será el próximo manager de los bicampeones: ¿su hijo Mateo también podría terminar vistiendo el uniforme escarlata?
No existe información que permita hablar de una negociación en ese sentido, pero hay elementos que hacen interesante plantear el escenario. Mateo ha jugado bajo la dirección de su padre con los Charros de Jalisco y viene de dos temporadas destacadas en la Liga Mexicana de Beisbol.
En 2026 participó en 85 juegos, conectó 95 imparables y terminó con promedio de .300, además de sumar 20 dobles, cinco triples, cuatro cuadrangulares, 42 carreras producidas y 20 bases robadas. En 2025 también bateó por encima de .290, con nueve jonrones y 62 impulsadas. Su rendimiento le valió ser seleccionado para el Juego de Estrellas de la LMB en 2026.
Pero hay otro factor que hace relevante la pregunta: la tercera base ha sido una posición problemática para los Diablos.
Durante la temporada pasada, la organización buscó soluciones con movimientos que incluyeron a Orlando Arcia y Roberto Valenzuela. Sin olvidar que José Rondón y Maikel Franco, dos jugadores que habían ocupado esa posición con los escarlatas, terminaron destacando con otros equipos en los playoffs.
Mateo aparece entonces como un nombre que merece consideración por sus números y su experiencia en la pelota mexicana. Hay además un antecedente que inevitablemente genera conversación: Mateo formó parte de la Selección Mexicana en el Clásico Mundial de 2026, cuando su padre estaba al frente del equipo.
¿Podría repetirse en los Diablos la relación profesional que ambos han mantenido con Charros? ¿Vería Benjamín en Mateo una alternativa para resolver una necesidad de los escarlatas?
Por ahora, son preguntas abiertas. Pero si se concreta la llegada de Gil, la posibilidad de ver a padre e hijo juntos en el México Rojo será una historia que valdrá la pena seguir.

La posible llegada de Benjamín Gil a los Diablos Rojos del México abre una pregunta que va más allá de quién será el próximo manager de los bicampeones: ¿su hijo Mateo también podría terminar vistiendo el uniforme escarlata?
No existe información que permita hablar de una negociación en ese sentido, pero hay elementos que hacen interesante plantear el escenario. Mateo ha jugado bajo la dirección de su padre con los Charros de Jalisco y viene de dos temporadas destacadas en la Liga Mexicana de Beisbol.
En 2026 participó en 85 juegos, conectó 95 imparables y terminó con promedio de .300, además de sumar 20 dobles, cinco triples, cuatro cuadrangulares, 42 carreras producidas y 20 bases robadas. En 2025 también bateó por encima de .290, con nueve jonrones y 62 impulsadas. Su rendimiento le valió ser seleccionado para el Juego de Estrellas de la LMB en 2026.
Pero hay otro factor que hace relevante la pregunta: la tercera base ha sido una posición problemática para los Diablos.
Durante la temporada pasada, la organización buscó soluciones con movimientos que incluyeron a Orlando Arcia y Roberto Valenzuela. Sin olvidar que José Rondón y Maikel Franco, dos jugadores que habían ocupado esa posición con los escarlatas, terminaron destacando con otros equipos en los playoffs.
Mateo aparece entonces como un nombre que merece consideración por sus números y su experiencia en la pelota mexicana. Hay además un antecedente que inevitablemente genera conversación: Mateo formó parte de la Selección Mexicana en el Clásico Mundial de 2026, cuando su padre estaba al frente del equipo.
¿Podría repetirse en los Diablos la relación profesional que ambos han mantenido con Charros? ¿Vería Benjamín en Mateo una alternativa para resolver una necesidad de los escarlatas?
Por ahora, son preguntas abiertas. Pero si se concreta la llegada de Gil, la posibilidad de ver a padre e hijo juntos en el México Rojo será una historia que valdrá la pena seguir.


