
Los Yaquis de Ciudad Obregón encontraron la manera de vencer a los Mayos de Navojoa en un juego que necesitó 11 entradas y que terminó 8-7 la noche de este jueves. Más allá del dramatismo del marcador, la victoria tuvo un mérito particular: se construyó con una ejecución precisa de los fundamentos.
Después de nueve entradas, el encuentro estaba empatado 5-5. En la décima, ambos equipos anotaron una carrera y la historia volvió a repetirse en la undécima: Navojoa tomó la ventaja en la parte alta, obligando a Obregón a buscar nuevamente la remontada.
Los Yaquis comenzaron la parte baja con Cal Mitchell en segunda base, por la regla del corredor automático. Roberto Valenzuela respondió con un doblete al jardín izquierdo que permitió a Mitchell anotar el empate.
Con el juego igualado 7-7, llegó una jugada que terminó siendo determinante. Antonis Macias ejecutó un toque de sacrificio que permitió a Valenzuela avanzar a tercera, mientras se registraba el primer out y, después del cambio de pitcher de Navojoa, Kevin Villavicencio elevó al jardín derecho. El elevado de sacrificio fue suficiente para que Valenzuela anotara la carrera del triunfo.
No hubo necesidad de un batazo espectacular ni de buscar otro extrabase para resolver el encuentro. Los Yaquis empataron con un doble, avanzaron al corredor con un toque y lo llevaron al plato con un elevado de sacrificio. Tres acciones distintas, una misma intención: producir la carrera necesaria.
Este triunfo recordó que también se ganan juegos con ejecución, lectura de la situación y fundamentos, Navojoa estuvo dos veces arriba en los extra innings, pero Obregón respondió en ambas. Y en la última oportunidad, hizo exactamente lo que necesitaba para dejar tendidos a sus rivales.

Los Yaquis de Ciudad Obregón encontraron la manera de vencer a los Mayos de Navojoa en un juego que necesitó 11 entradas y que terminó 8-7 la noche de este jueves. Más allá del dramatismo del marcador, la victoria tuvo un mérito particular: se construyó con una ejecución precisa de los fundamentos.
Después de nueve entradas, el encuentro estaba empatado 5-5. En la décima, ambos equipos anotaron una carrera y la historia volvió a repetirse en la undécima: Navojoa tomó la ventaja en la parte alta, obligando a Obregón a buscar nuevamente la remontada.
Los Yaquis comenzaron la parte baja con Cal Mitchell en segunda base, por la regla del corredor automático. Roberto Valenzuela respondió con un doblete al jardín izquierdo que permitió a Mitchell anotar el empate.
Con el juego igualado 7-7, llegó una jugada que terminó siendo determinante. Antonis Macias ejecutó un toque de sacrificio que permitió a Valenzuela avanzar a tercera, mientras se registraba el primer out y, después del cambio de pitcher de Navojoa, Kevin Villavicencio elevó al jardín derecho. El elevado de sacrificio fue suficiente para que Valenzuela anotara la carrera del triunfo.
No hubo necesidad de un batazo espectacular ni de buscar otro extrabase para resolver el encuentro. Los Yaquis empataron con un doble, avanzaron al corredor con un toque y lo llevaron al plato con un elevado de sacrificio. Tres acciones distintas, una misma intención: producir la carrera necesaria.
Este triunfo recordó que también se ganan juegos con ejecución, lectura de la situación y fundamentos, Navojoa estuvo dos veces arriba en los extra innings, pero Obregón respondió en ambas. Y en la última oportunidad, hizo exactamente lo que necesitaba para dejar tendidos a sus rivales.


