
El martes pasado Jonathan Aranda jugó por primera vez un Juego de Estrellas de Grandes Ligas. Entró de suplente en la parte baja de la sexta entrada y se embasó en las cada una de las dos ocasiones en que tomó turnos al bat.
En la séptima entrada en su primera aparición en la caja de bateo, trabajo una base por bolas que fue importantísima en el regreso del equipo de la Liga Americana que en esos momentos perdía 6-0.
En su otro turno en el octavo capítulo, conectó un imparable hacia el jardín derecho.
La Liga Americana logró empatar el juego a 6 carreras y, así terminó después de 9 entradas jugadas.
Entonces se procedió al nuevo método de desempate donde cada mánager escogió tres bateadores, a los que les correspondieron tres pitcheos a cada uno, para que el equipo con más homeruns se quedara con el triunfo. Aranda fue uno de los tres elegidos por Aaron Boone y no pudo sacar la pelota en ninguno de sus tres swings.
La Liga Americana perdió y, algunos ignorantes, en varios comentarios en las redes sociales, en México y en Estados Unidos, culpan a Jonathan Aranda.
Culparlo es una verdadera estupidez. Para empezar a nadie se le puede juzgar por tres swings, y menos cuando él no es un jonronero.
Pero además de todo cumplió como pocos en el juego: bateó de 1-1 y se embasó en sus dos turnos.


