
A menos de 15 días de que concluya la temporada regular 2025-26 de la Liga Mexicana del Pacífico, el Tucson Baseball Team sigue siendo un proyecto atrapado en la incertidumbre. No sólo porque no ha jugado un solo partido en su supuesta casa, el Kino Veterans Memorial Stadium, sino porque no existe información pública clara que indique avances reales para resolver el problema que lo originó todo.
Desde octubre, el diagnóstico ha sido el mismo: problemas migratorios y de visado que impidieron que jugadores y cuerpo técnico pudieran competir legalmente en Estados Unidos. Sin embargo, lo que resulta más preocupante hoy no es el problema en sí, sino el vacío informativo absoluto que rodea su posible solución.
Ni la directiva del equipo, ni la Liga Mexicana del Pacífico, ni autoridades relacionadas han comunicado:
- Qué tipo de visas están actualmente en trámite,
- En qué etapa se encuentra el proceso,
- Ni si existe una fecha estimada para su resolución.
El público que confió en este proyecto —aficionados en Tucson, patrocinadores, abonados y seguidores del béisbol mexicano— no ha recibido una sola actualización concreta que permita entender si el problema está cerca de resolverse o si sigue estancado como en octubre. Más aún, con la temporada prácticamente terminada, la ausencia de avances visibles pone en duda no sólo el cierre de 2025-26, sino la viabilidad real del proyecto para 2026. Hoy no existe ninguna garantía pública de que el Tucson Baseball Team podrá jugar como local el próximo año, ni siquiera de que los trámites estén encaminados correctamente.
El caso resulta especialmente delicado porque el equipo sí ha competido, ha cumplido con el calendario y ha asumido el desgaste de jugar toda la temporada en gira. Sin embargo, competir no es lo mismo que existir plenamente como franquicia. Sin estadio, sin localía y sin comunicación transparente, el proyecto queda reducido a una figura administrativa más que a una realidad deportiva consolidada.
Lo que debía ser el mayor paso de internacionalización en la historia de la LMP hoy se percibe como un experimento mal ejecutado, donde la planeación migratoria fue subestimada y la comunicación con el público ha sido prácticamente inexistente.
A estas alturas, el silencio pesa más que los resultados en el campo. Y mientras no exista un mensaje claro que explique qué sigue, cuándo y bajo qué condiciones, la pregunta deja de ser si Tucson jugará en casa esta temporada, y se transforma en algo más profundo: ¿Existe realmente la certeza de que este equipo podrá jugar en Tucson en 2026?
Por ahora, nadie parece dispuesto a responderla. El silencio, en este caso, también es una respuesta.


