
No hay invictos… no hay perfección y, justo por eso, esta final del Clásico Mundial es más interesante de lo que parece.
Venezuela derrotó 4-2 a Italia y se metió a la gran final mientras que del otro lado estará Estados Unidos, que el domingo eliminó a República Dominicana. Dos potencias frente a frente… pero con cicatrices porque ninguno llegó intacto.
Estados Unidos, armado como un “Dream Team”, tropezó donde nadie lo esperaba: perdió en fase de grupos ante Italia. Sí, el mismo equipo que hoy quedó eliminado en semifinales.
Venezuela tampoco salió limpio. Su única derrota fue ante República Dominicana… el otro semifinalista que ya está fuera.
La coincidencia es brutal: los dos finalistas perdieron contra los equipos que ya eliminaron del torneo, es decir, nadie dominó de principio a fin y nadie fue intocable.
Y eso cambia todo. Porque Estados Unidos sigue siendo el favorito, tiene el roster más profundo, el más poderoso, el más experimentado… es, en papel, el equipo que debería levantar el título, pero ya perdió una vez y del otro lado no hay una sorpresa cualquiera. Venezuela llegó como quinto favorito (al principio del torneo), sin reflectores y sin la presión de ser el “equipo a vencer”, y, desde ahí ha construido algo mucho más incómodo: un equipo que sabe sufrir pero que no se siente menos, tal como lo demostró derrotando a Japón.
Ha tenido que responder en momentos límite, ha jugado con la presión encima, ha aprendido a sobrevivir…No es perfecto, pero sí muy peligroso porque tiene grandes jugadores.
Esta final no es de invictos, es de equipos que ya probaron la derrota… y siguen de pie.
Estados Unidos tiene todo para ganar y Venezuela tiene todo para incomodar.


