
La Baseball Champions League termina su fase de round robin… y confirma lo que ya no es sorpresa: es un torneo sin forma, sin equilibrio y sin sentido competitivo.
Los números lo gritan: 214 carreras en 10 juegos, es decir, 21.4 por partido en promedio.
Una cifra absurda para cualquier liga o torneo que aspire a ser tomado en serio dentro del beisbol profesional. Y no, no es una anomalía… es una constante.
En 2025, la misma fase de grupos cerró con un promedio todavía más escandaloso: 25.3 carreras por juego. En ese momento parecía un exceso aislado, pero hoy queda claro que es el reflejo de un problema estructural.
Porque cuando hay este tipo de marcadores, no hay misterio: no es ofensiva histórica… es pitcheo débil y competencia dispareja.
El ejemplo más claro llegó este sábado por la noche: 36-13 de los Diablos Rojos del México sobre los Cocodrilos de Matanzas. Un marcador que podrá llamar la atención, pero que en realidad exhibe todo lo que está mal. Hay que decir las cosas como son: esto no es espectáculo de alto nivel, y el público lo sabe por eso las entradas son tan bajas.
En su tercera edición, la BCL repite exactamente los mismos errores: mal timing, equipos en distintos niveles, organización confusa y un formato que no sostiene seriedad competitiva.
Y así, entre juegos desbordados de carreras, el torneo se convierte en algo difícil de definir… y más difícil de justificar.
Hay muchas carreras y lamentablemente menos beisbol.


