
El arranque de temporada 2026 para los Leones de Yucatán fue, sin rodeos, un balde de agua fría. Tres juegos en casa, tres derrotas… y además ante los Bravos de León, un equipo que en el papel luce débil y que pocos colocan en la conversación de playoffs, llegaron a Mérida y silenciaron el Parque Kukulcán.
La decepción fue inmediata. La afición esperaba un inicio sólido, especialmente jugando como locales, pero lo que recibió fue un golpe directo a las expectativas. Barridos en casa suelen pesar… y más cuando vienen acompañados de dudas tempranas.
Pero el béisbol tiene memoria corta —o al menos eso dicen. En su segunda serie, los Leones cambiaron por completo el guion frente a los Diablos Rojos del México, el rival a vencer, bicampeón, favorito en la Zona Sur y uno de los equipos más taquilleros —y también más odiados fuera de la capital—, Yucatán respondió con carácter. Dos victorias consecutivas que no solo sorprendieron, sino que volvieron a encender el ánimo.
El contraste no podría ser más marcado: de ser barridos por un “underdog” a imponerse ante el “gigante”.
Y ahí es donde nace la gran pregunta… ¿Estas dos victorias ante el considerado mejor equipo de la Zona Sur son suficientes para borrar —o al menos compensar— el decepcionante inicio en casa?
En el beisbol, como en la vida, importa mucho qué tan rápido puedes cambiar la historia, cuando las cosas no empiezan bien.


