
Durante décadas, el beisbol tuvo un perfil muy claro en sus dueños: apasionados del juego, profundamente ligados al entorno y, en muchos casos, formados dentro del propio deporte.
Hoy, esa idea ha ido cambiando. El caso de José Miguel Bejos resulta especialmente ilustrativo: sin antecedentes en el beisbol, llegó en 2018 para tomar control de los Pericos de Puebla y cinco años después, el equipo levantó el campeonato de la Liga Mexicana de Beisbol en 2023.
El dato es contundente: sin historia previa en el juego… hubo resultado.
Y eso abre una pregunta inevitable: ¿qué pesa más hoy en el beisbol profesional… conocer el deporte o saber gestionar una organización?
Porque más allá del título, lo que representa este caso es un cambio de fondo en el perfil del inversionista. Cada vez es más común ver empresarios que llegan sin recorrido en el diamante, pero con experiencia en estructura, toma de decisiones y visión de negocio.
Y eso está transformando la conversación. El beisbol ya no es solo pasión, también es marca, proyección y posicionamiento. Los equipos funcionan como plataformas que van más allá de lo deportivo, donde el rendimiento en el campo convive con estrategias fuera de él.
En ese contexto, el éxito de proyectos como el de Puebla no parece casualidad, sino parte de una tendencia más amplia: entender al club no solo como equipo… sino como organización integral.
Y este mismo empresario ahora invierte en el futbol sin antecedentes en ese deporte, con la adquisición de Atlas FC. Es decir la misma fórmula y con ello se refuerza la idea de que el modelo no solo funciona… se replica.
Pero el punto de partida sigue siendo el mismo. Y eso es lo que hoy redefine la conversación en el beisbol mexicano: ya no solo quién sabe del juego… sino quién sabe cómo hacerlo crecer.


