
La noche en el Estadio Alfredo Harp Helú tuvo un sabor especial. Aunque administrativamente los locales eran los Arizona Diamondbacks, en la tribuna la historia fue otra: la mayoría del público se volcó con los San Diego Padres.
El ambiente fue tan claro que incluso dentro del equipo se tomó con humor. Jugadores y cuerpo técnico bromearon con una idea que rápidamente hizo eco: estaban jugando en el “Petco del Sur”, en referencia al Petco Park. Pero no fue lo único diferente…. el contraste más fuerte llegó dentro del terreno.
Hace tres años, en ese mismo escenario, el primer juego de la Mexico City Series entre los San Francisco Giants y los Padres fue un auténtico descontrol ofensivo: 27 carreras, 30 hits y 11 cuadrangulares en un espectáculo que llevó a algunos medios estadounidenses a cuestionar la viabilidad de jugar béisbol de Grandes Ligas a esta altitud.
Aquella noche fue atípica… lo de 2026 contó otra historia.
El marcador final de 6-4, con diez carreras en total, ofreció un juego mucho más equilibrado, con pitcheo competitivo y momentos clave que definieron el resultado sin caer en el exceso ofensivo.
Un partido de nivel, pPorque más allá del ambiente, la narrativa cambió, de un festival de batazos… a un juego bien jugado y, eso también manda un mensaje.
La Ciudad de México no necesita convertirse en un paraíso artificial para los bateadores, puede ofrecer beisbol de calidad, competitivo y atractivo, sin perder la esencia del juego.
Anoche, en el llamado “Petco del Sur”, no solo ganó un equipo, ganó otra forma de ver el beisbol en la altura.


