
Horas antes del primer lanzamiento en la Mexico City Series, el movimiento no solo estaba en el terreno de juego. Dentro del Museo Diablos, se vivió un momento especial que reunió historia, reconocimiento y presencia de alto nivel.
En uno de los espacios más representativos del Estadio Alfredo Harp Helú, la familia Harp —encabezada por Alfredo Harp Helú, su esposa y su hijo Santiago Harp— recorrió el museo junto a directivos de los Padres de San Diego, compartiendo la historia, los momentos y la identidad de una de las organizaciones más emblemáticas del beisbol mexicano.
Pero la escena no se quedó ahí. En otra de las salas, el director del museo, Agustín Castillo, encabezaba un reconocimiento especial para dos voces clave del béisbol: los cronistas Eduardo Ortega y Óscar Soria, representantes de Padres y Diamondbacks, respectivamente.
Ambos momentos terminaron por converger. Los grupos se encontraron en el recorrido y fue entonces cuando Alfredo Harp Helú se acercó a felicitar personalmente a los homenajeados, compartiendo palabras y una fotografía que capturó la esencia del momento: tradición, respeto y conexión entre dos ligas.
Lejos del ruido del juego, el Museo Diablos volvió a demostrar que el beisbol también se construye desde su memoria.


