
El incidente se volvió viral: El Perro Sultán cayó sobre la banca y, en cuestión de horas, las imágenes comenzaron a circular y en las oficinas de los Sultanes hubo reacción.
Y fue con un comunicado que no pasó desapercibido, no por el hecho en sí, sino por el tono.
Lejos de un mensaje meramente informativo, el club optó por un enfoque con tintes de humor. Referencias a que el perro “ya tiene experiencia cayendo” o que “se le rebajará el día” marcaron una línea distinta en la forma de comunicar.
Ahí es donde la conversación cambió. Porque sí, el equipo logró subirse a la viralidad del momento, pero al mismo tiempo, abrió un debate.
Para algunos, fue una forma creativa de conectar con la audiencia, pero para otros, en un contexto donde el bienestar animal es un tema cada vez más sensible, el tono pudo sentirse fuera de lugar.
Y el punto va más allá de un solo comunicado. En los últimos años, la comunicación digital dentro de la liga ha entrado en una dinámica cada vez más competitiva en el sentido de que los equipos que buscan destacar en redes, generar interacción, volverse virales. Porque la LMB impulsa esta tendencia premiando a los equipos de comunicación, inclusive poniéndoles más atención que a los propios peloteros, que son los verdaderos protagonistas del espectáculo.
El problema es cuando esa búsqueda por la exposición en redes comienza a empujar los límites: cuando el objetivo deja de ser informar… y pasa a ser llamar la atención… cuando el tono se convierte en protagonista.
El caso Sultanes no es único, pero sí es ilustrativo. Porque en esa línea delgada entre conectar y excederse, no todos interpretan el mensaje de la misma manera.
Y ahí es donde lo viral deja de ser solo una oportunidad… y se puede convertir en un riesgo.


