
Hay pitchers que responden al castigo con ajustes. Otros, con emociones y no precisamente positivas.
El martes por la noche, Framber Valdez volvió a colocarse en el centro de esa conversación. En una apertura complicada ante los Boston Red Sox, el zurdo perdió el control del juego… y por momentos, también de la situación. Todo se descompuso en la cuarta entrada, cuando recibió jonrones consecutivos de Willson Contreras y Wilyer Abreu, dos swings que cambiaron el tono de la noche.
Lo que vino después terminó por marcar el episodio. En su siguiente lanzamiento, Valdez golpeó a Trevor Story en la espalda con una recta de 94 mph. La reacción fue inmediata: bancas vaciándose, tensión en el diamante y la intervención del umpire principal para evitar que la situación escalara.
La expulsión no tardó en llegar. Más allá del resultado —10 carreras permitidas, la cifra más alta de su carrera— lo que vuelve a llamar la atención es el patrón. No es la primera vez que Valdez reacciona de forma visible tras ser castigado con poder. Ya en septiembre pasado había protagonizado un momento similar, evidenciando frustración tras permitir un jonrón.
¿Se acuerdan?… en esa ocasión le conectaron un batazo que se convirtió en un Grand Slam que puso la pizarra 6-0 en favor de los Yankees, Valdez estaba furioso y en el siguiente lanzamiento cruzó al cátcher mexicano César Salazar, tirándole una bola rápida, un sinker, cuando aparentemente el cátcher esperaba otro tipo de lanzamiento. Al pitcher lo acusaron de querer lastimar a su compañero y de no tener la capacidad de controlar sus emociones.
Y ahí está el punto. El talento no está en duda, pero en el más alto nivel, la diferencia muchas veces no es lo que pasa… sino cómo se responde a ello… y Framber no sabe controlarse.


